jueves, 26 de febrero de 2009

A todas las mujeres como yo

Tenía una bonita sonrisa, unos enormes ojos negros en los que podías reflejarte como en un lago oscuro y un corazón tan grande como la mismísima Australia.
Paseaba por la plaza y los chicos la miraban, paseaba por la playa y las olas se agitaban...
Los relojes se paraban en sus frágiles muñecas y los rayos de la luna se colaban por las rejas.
Veinte primaveras... veinte años bañándose en veinte soles, veinte camas, veinte hombres pero una mujer en su almohada, una mujer amada, un secreto que ella solo puede llorar de madrugada.


Natalia García

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